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lunes, 6 de enero de 2014

Los labios de la Sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender

Hermes Trimegisto
Aun en nuestros días usamos el término «hermético» en el sentido de «secreto», «reservado», etc., y esto es debido a que los hermetistas habían siempre observado rigurosamente el secreto de sus enseñanzas. Si bien entonces no se conocía aquello de «no echar perlas a los cerdos», ellos siguieron su norma de conducta especial que les indicaba «dar leche a los niños y carne a los hombres»

«Los labios de la Sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender.»

Si alguna vez se ha escrito algo sobre la filosofía hermética, su significado ha sido cuidadosamente velado con términos de astrología y alquimia, de tal manera que sólo los que poseían la clave podían leerlo correctamente.

Estas enseñanzas constituyen realmente los principios básicos de la «alquimia hermética», la que, contrariamente a lo que se cree, está basada en el dominio de las fuerzas mentales, más bien que en el de los elementos materiales; en la transmutación de una clase de vibraciones mentales en  otras, más bien que en el cambio de una clase de metal en otro. La leyenda acerca de la piedra filosofal, que convertía todos los metales en oro, era una alegoría relativa a la Filosofía Hermética, alegoría que era perfectamente comprendida por todos los discípulos del verdadero hermetismo.
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El término Trimegisto significa “el tres veces grande”, ya que posee el don de la triple sabiduría (física, mental y espiritual).

Algunas tendencias hebreas lo señalan como contemporáneo de Abraham, y otros lo sindican como maestro de Moisés; esto es, cerca del 2.000 a.C.

Después de haber transcurrido muchos años desde su muerte (la tradición afirma que vivió trescientos años), los egipcios lo deificaron e hicieron de él uno de sus dioses, bajo el nombre de Thoth. Años después los griegos también hicieron de él otro de sus dioses y lo llamaron «Hermes, el dios de la sabiduría», posteriormente los romanos le llamaron Mercurio.
Deidad egipcia Thot

Tras el incendio de la Biblioteca de Alejandría, en tiempos de Julio César, sólo se recuperaron algunos fragmentos derivados de traducciones griegas, realizadas por escribas y encargadas por los faraones Tolomeos. Estos fragmentos sueltos circularon por África, Europa y Asia. La sabiduría hermética influyó así en prácticamente todas las civilizaciones antiguas.

G. R. S. Mead, escritor miembro de la Sociedad Teosófica, realizó en los albores del siglo XX un exhaustivo estudio de las obras herméticas, concluyendo que existiría anterior al diluvio y por ende, anterior al hundimiento de la Atlántida, lo que explicaría la sabiduría, la ciencia y las artes tan avanzadas del primitivo Egipto como legado de la civilización de los atlantes. Existiría evidencia del hallazgo de fragmentos de los Libros de Hermes en inscripciones antiquísimas, sobre todo en el interior de las criptas secretas de los grandes templos cercanos al delta, no lejos de la Esfinge y de las pirámides.

Entre las obras cuya autoría los egipcios adjudican a Hermes, la más conocida es la famosa Tabla Esmeralda o Esmeraldina, considerada como la llave de la sabiduría y el ocultismo. Este texto, base del pensamiento esotérico, fue traducido del árabe al latín en 1250, y posteriormente del latín al inglés por Isaac Newton; su importancia expresa la trinidad que rige la naturaleza entera: la tesis, la antítesis y la síntesis de la filosofía.
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El libro del Kybalión es un documento que resume los siete principios del pensamiento hermético.

LOS AXIOMAS DEL KYBALIÓN:

1. Mentalismo. El Todo es mente; el universo es mental.
2. Correspondencia. Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba. Manifestación en tres grandes planos: físico, mental y espiritual.
3. Vibración. Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.
4. Polaridad. Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo.
5. Ritmo. Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo.
6. Causa y efecto. Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley.
7. Género. El género existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; el género se manifiesta en todos los plano.

jueves, 14 de noviembre de 2013

El mito de los Nueve Desconocidos

No es pecado creer que en otras civilizaciones se hayan producido, no una ausencia de ciencia, sino un secreto impuesto a la ciencia. Tal parece ser el origen de la maravillosa leyenda de los Nueve Desconocidos.
La tradición de los Nueve Desconocidos se remonta al emperador Asoka, que reinó en la India a partir del año 273 a.C.Se dice que, conocedor de los horrores de la guerra, el emperador Asoka quiso prohibir para siempre a los hombres el mal uso de la inteligencia. Bajo su reinado, entra en el secreto la ciencia de la Naturaleza, pasada y por venir.  Asoka funda la más poderosa sociedad secreta de la Tierra: la de los Nueve Desconocidos.

¿Cuáles son los fines de estos hombres? No dejar que caigan en manos profanas los medios de destrucción. Proseguir las investigaciones beneficiosas para la Humanidad. Estos hombres se supone que se renuevan para guardar los secretos técnicos venidos de un remoto pasado.

Las manifestaciones exteriores de los Nueve Desconocidos son raras. Una de ellas tiene relación con el Papa Silvestre II, (año 920 -1003) Se dice que estuvo en España y que un misterioso viaje lo llevó a la India, de donde sacó diversos conocimientos que llenaron de estupefacción a los que le rodeaban.
Así fue como poseyó en su palacio una cabeza de bronce que respondía «sí» o «no» a las preguntas que le hacían sobre la política y la situación general de la cristiandad. Según Silvestre II (volumen CXXXIX de la Patrística latina de Migne), el pro­cedimiento era muy sencillo y correspondía al cálculo con dos cifras. Se trataría de un autómata análogo a nuestras modernas máquinas binarias. La cabeza «mágica» fue destruida a la muerte del Papa, y los conocimientos registrados por ésta, cuidadosamente disimulados. Sin duda la biblioteca del Vaticano reservaría algunas sorpresas al investigador autorizado.Existe un libro dedicado a esta cuestión: El Papa Mago


Se dijo, naturalmente, que Silvestre II fue sólo capaz de producir esta máquina porque estaba en tratos con el diablo y le había jurado eterna fidelidad.

¿Estuvieron otros europeos en relación con la so­ciedad de los Nueve Desconocidos ? Hay que esperar al siglo XIX para que resurja este misterio, al través de los libros del escritor francés Jacolliot.
Jacolliot (cónsul de Francia en Calcuta bajo el Segundo Imperio): se muestra positivo:la sociedad de los Nueve Desconocidos es una realidad. Y lo más extraordinario es que cita, a este respecto, técnicas que eran del todo inconcebibles en 1860, como, por ejemplo, la liberación de la energía, la esterilización por radiaciones y también la guerra psicológica.

Cada uno de Los Nueve Desconocidos estaría en posesión de un libro constantemente escrito de nuevo y que contendría la exposición detallada de una ciencia.

El primero de estos libros estaría consagrado a las técnicas de propaganda y de guerra psicológica.
«De todas las ciencias —dice Mundy— la más peligrosa se­ría la del control del pensamiento de las multitudes, pues ella permitiría gobernar el mundo entero.»
El segundo libro estaría consagrado a la fisiología. Como cosa más importante, explicaría el medio de matar a un hombre con sólo tocarle, produciéndose la muerte por inversión del influjo nervioso. Se dice que el «judo» pudo nacer de «infiltraciones» de esta obra.
El tercero estudiaría la microbiología, y especialmente los coloides de protección.
El cuarto trataría de la transmutación de los metales (alquimia). Según una leyenda, en tiempos de penuria, los terapíos y las organizaciones religiosas de caridad reciben, de fuente secreta, grandes cantidades de un oro muy fino.
El quinto comprendería el estudio de todos los medios de comunicación, terrestres y extraterrestres.
El sexto contendría los secretos de la gravitación.
El séptimo sería la más vasta cosmogonía concebida por nuestra Humanidad.
El octavo trataría de la luz.
El noveno estaría consagrado a la sociología, formularía las reglas de la evolución de las sociedades y permitiría prever su caída.

Con la leyenda de los Nueve Desconocidos, se relaciona el misterio de las aguas del Ganges. Multitudes de peregrinos, portadores de las más espantosas y diversas enfermedades, se bañan sin ningún peligro para los que están sanos. Las aguas sagradas lo purifican todo. Se ha querido atribuir esta extraña propiedad del río a la formación de bacteriófagos. Pero, ¿por qué no se forman también en el Brahmaputra, en el Amazonas o en el Sena?
La hipótesis de una esterilización por radiaciones aparece en la obra de Jacolliot, cien años antes de que se sepa que tal fenómeno es posible. Estas radiaciones, según Jacolliot, provendrían de un templo secreto excavado bajo el lecho del Ganges.
Al margen de las agitaciones religiosas, sociales y políticas, resueltas y perfectamente disimuladas, los Nueve Desconocidos encarnan la imagen de la ciencia serena, de la ciencia con conciencia. Dueña de los destinos de la Humanidad, pero absteniéndose de emplear su propio poderío, esta sociedad secreta constituye el más bello homenaje de la libertad en las alturas. Vigilantes en el seno de su gloría oculta, estos nueve hombres contemplan cómo se hacen, deshacen y rehacen las civilizaciones, menos indiferentes que tolerantes, prestos a ayudar, pero siempre en este orden del silencio que es la medida de la grandeza humana.

¿Mito o realidad? Mito soberbio, en todo caso, surgido de lo más hondo de los tiempos... y resaca del futuro.

domingo, 3 de noviembre de 2013

El Misterio de las Catedrales - Fulcanelli ,1926


Link de descarga en pdf: 
http://www.panzertruppen.org/2011/novela/mh040.pdf

Un misterio en toda regla es que un libro lleve publicándose en España de manera ininterrumpida desde hace medio siglo. Pero si, además, la obra es un oscuro tratado de alquimia el enigma se hace ya insondable. Me refiero a El misterio de las catedrales, una obra traducida al español en 1967 que funciona como una matriuska rusa. Una de esas muñecas en las que cada vez que las abres encuentras una nueva. En este caso, un arcano dentro de otro.


El misterio de las catedrales se publicó originariamente en Francia en 1926, en una edición limitada de trescientas copias que se vendieron al astronómico precio de cien francos el ejemplar. Por alguna razón, su autor decidió esconderse tras un pseudónimo –Fulcanelli- y dedicar su obra a un colectivo no menos anónimo a los que llamó los “Hermanos de Heliópolis”.
Tal vez su prudencia tenía que ver con lo que había descubierto en la fachada de Notre Dame de París: todas sus imágenes en piedra debían entenderse como una guía para conseguir la Gran Obra alquímica: la Piedra Filosofal.

Fulcanelli se presentó como un apasionado de los juegos de palabras, por lo que él llamó cábala fonética, y aseguraba que el arte gótico –art goth en francés- era precisamente eso: un argot, una lengua para iniciados, que escondía el tremendo secreto del dominio de la materia.

Es extraño que no se sepa casi nada de la génesis de esta obra. Tan solo que se incubó en los bulevares de París de los años veinte, alrededor de un grupo de pintores bohemios, esoteristas de gran cultura y libreros. Algunos, como el filósofo alsaciano René Schwaller de Lubicz, gran conocedor de Egipto, estaban profundamente interesados por la naciente física de los átomos. Otros, como el pintor Julien Champagne, por la obtención del oro alquímico. Precisamente Champagne pintó las 36 láminas originales del libro. Murió en 1932 sin haber conseguido sus sueños, pero no son pocos los que creen que él fue el redactor de El misterio de las catedrales y de su secuela Las moradas filosofales. Y también que se disfrazó tras un pseudónimo para que la atención del lector se centrara sobre la obra y no sobre su autor.
Posdata: Probablemente este libro sea uno de los más citados por los amantes del esoterismo. Pero, como decía Albert Camus, eso se debe a que los libros escritos con claridad tienen lectores, pero los escritos de forma oscura, sólo comentaristas.

El retorno de los brujos Louis Pauwels y Jacques Bergier, 1960


Link de descarga pdf: http://www.panzertruppen.org/2010/novela/mh024.pdf

Cuando se publicó en Francia, hacía sólo quince años que había terminado la Segunda Guerra Mundial. La idea del mismo la tuvo Louis Pauwels, un inquieto periodista muy activo durante la resistencia a los nazis y seguidor de las doctrinas de Gurdjieff, que tenía en mente escribir una especie de enciclopedia de las sociedades secretas que controlaban Europa. Fue Jacques Bergier, un superdotado capaz de leerse un libro en minutos, ingeniero, espía y aprendiz de alquimista, el que le convenció para hacer algo más amplio y así surgió la chispa.


Un día, hacia 1937, su jefe lo envío a una curiosa entrevista con un tipo que decía ser alquimista.
Hablaron durante un buen rato, y éste le mostró su preocupación por lo cerca que creía que Helbronner estaba del éxito. "Los trabajos a los que se dedican ustedes y sus semejantes son terriblemente peligrosos", le advirtió. "Y no son ustedes los que están en peligro, sino la Humanidad entera". Le contó entonces que las reacciones nucleares que estaban a punto de desencadenar ya habían sido descubiertas siglos atrás por viejos alquimistas. Es más, según aquel tipo, civilizaciones enteras se habían volatilizado por el mal uso del átomo.


Bergier tenía, sin duda, muchas cosas que contar. Gracias a su trabajo se descubrieron las bases secretas de bombas volantes nazis en Peenemünde. En una prisión de la Gestapo descubrió que tenía facultades telepáticas. E incluso fue condecorado. Pero la experiencia que lo marcó tuvo lugar poco antes de la Gran Guerra, mientras trabajaba como ayudante de laboratorio del químico André Helbronner, un sabio que llevaba años soñando con la bomba de hidrógeno.
No volvió a verlo jamás, pero su encuentro lo trastornó durante años. Terminó identificándolo con el autor de varios libros publicados con el pseudónimo de Fulcanelli en Francia, y con alguna oscura sociedad protectora de esa clase de secretos nucleares. Secretos cuyas descripciones más antiguas podían leerse en poemas épicos de cuatro milenios de antigüedad, como el Mahabharata hindú.

Inesperadamente, el libro de Pauwels y Bergier conoció un éxito fulgurante: sólo el primer año de su publicación vendió casi un millón de copias en francés. En España se tradujo al año siguiente y se convirtió en todo un fenómeno. Hasta Hergé, en uno de los álbumes de Tintín, Vuelo 714 para Sidney, caricaturizó a Bergier. De este monumento a la heterodoxia se ha dicho que continuó con el espíritu de El libro de los condenados de Charles Fort, compartiendo con él su propósito fundamental: combatir la estrechez de miras de la ciencia.
Pero sería injusto decir que sus autores fueron "contraculturales" o "antisistema". Louis Pauwels, por ejemplo, llegó a ser uno de los editores más prestigiosos de Francia. Editó revistas como Marie France o Le Figaró, donde fue el responsable de lanzar su suplemento a color de los sábados en los años setenta. Curiosamente, en sus páginas nacen las primeras ideas conspirativas contemporáneas; denunciaron la conexión de los nazis con las creencias esotéricas, explicaron la alquimia en términos de física nuclear y se adentraron en las filosofías orientales y del llamado "saber anterior" en busca de superhombres. Tenían la firme creencia de que nuestra civilización nació de las cenizas de otra extinguida hace no menos de diez mil años a la que todos los pueblos de la Tierra se refieren como la "Edad de Oro".